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Planes · 4 min de lectura · 7 de noviembre de 2026

Sevilla en buena compañía: paseos, cultura y cafés

Sevilla se disfruta más acompañado. No por el tópico, sino porque es una ciudad de paseo lento, de parar a tomar algo cada hora y de comentar lo que se ve. Aquí van algunas ideas para quedar en grupo, pensadas para que la conversación vaya por delante de la visita.

El paseo junto al Guadalquivir, con el puente de Triana al fondo
El paseo junto al Guadalquivir, con el puente de Triana al fondo

Un paseo por el río, de puente a puente

Desde el puente de Triana hasta el de San Telmo por la orilla del centro, y vuelta por la calle Betis. Son unos tres kilómetros llanos, con la Torre del Oro a mitad de camino y bancos de sobra para sentarse. Al atardecer la luz es de postal. Un café en Betis al terminar cierra el plan.

Los bancos de azulejos de los Jardines de Murillo
Los bancos de azulejos de los Jardines de Murillo

Los jardines del Alcázar y los de Murillo

Los jardines del Real Alcázar merecen la entrada solo por pasear bajo las palmeras y los naranjos, con pavos reales sueltos. Si no apetece pagar, los Jardines de Murillo, justo al lado, son gratuitos y casi igual de bonitos a la sombra. En ambos se puede andar despacio y hablar bajo.

Museos tranquilos

El Museo de Bellas Artes, en un antiguo convento de la Plaza del Museo, es gratis para residentes en la UE y se recorre en una hora sin agobios. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en la Cartuja, tiene jardines enormes y un bar al aire libre. Y el Palacio de las Dueñas, para quien quiera ver un patio sevillano de verdad. Un museo es un buen plan para grupos que no se conocen: siempre hay algo delante de lo que opinar.

Una azotea para la última hora

Sevilla está llena de terrazas en alto: hoteles del centro, el mirador de las Setas, las azoteas de Triana. Subir en grupo a ver la ciudad desde arriba al caer la tarde es de esos planes que terminan con todos haciéndose fotos y con alguien diciendo "¿y si repetimos?".

Triana sin prisa

Entrar por el puente, bajar al mercado, perderse por la calle Pureza y la calle Castilla, ver los talleres de cerámica y acabar en una plaza. Es el barrio que mejor se presta a la charla, porque todo está cerca y hay un sitio donde sentarse cada cien metros.

Los cafés de siempre

Y al final, lo de siempre: un café largo en una mesa de seis, sin mirar el reloj. Es la base de todo lo demás. Por eso en Quedify empezamos por ahí: un café del sábado por la mañana o una tarde del domingo, en grupos pequeños de 40 a 60 años, en cafeterías céntricas. Las azoteas, los paseos y los museos vienen después, cuando el grupo ya se conoce.

Si quieres empezar, apúntate y te decimos día y sitio.

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